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AGOSTO 2004


100. Ejercicio del sexo

En el fútbol, como en tantos otros espacios de la vida, hay multitud de cuestiones de las que los aficionados hablan y discuten y sobre los que nunca se acaba llegando a un acuerdo más o menos general. Incluso los técnicos tienen serias discrepancias porque tampoco se hacen estudios científicos para saber de una vez por todas a qué atenerse. Uno de estos temas es si antes de los partidos los jugadores deben disfrutar o no de la compañía amorosa y del sexo. Y así, mientras unos opinan que ejercerlo en ese tiempo estimula física y sicológicamente, otros, por el contrario, entienden que ese método disminuye las potencialidades orgánicas y mentales de los futbolistas. ¿Cómo se compaginan deporte y sexo?
En estas fechas los jugadores del Real Jaén, como los de casi todos los clubes, están concentrados preparando la próxima temporada. La pregunta que se repite una y otra vez sobre estas prácticas es ésta: en esos casos ¿sería más beneficioso para su rendimiento personal y profesional que hubiesen ido acompañados de sus esposas o sus novias, en lugar de hacerlo solos?
Asunto muy complejo éste para tratarse de prisa y corriendo por las muchas implicaciones que tiene: sicológicas, fisiológicas, laborales, económicas, familiares o sociológicas. Y también aspectos organizativos, como las concentraciones menores previas a los partidos importantes o las medidas preventivas que algunos clubes toman durante las fiestas locales. Y el debate puede ampliarse indefinidamente si además comparamos esta situación con lo que ocurre en el mundo del trabajo en general cuando los trabajadores son reunidos o concentrados para hacer cursos de perfeccionamiento y donde pasa lo mismo que con los futbolistas.
         Como algunos recordarán, los jugadores de la selección española en Portugal dispusieron, tras el triunfo ante Rusia, de la posibilidad de reunirse con sus esposas o sus novias. Sin embargo apenas unas pocas acudieron a la cita. Por cierto, más novias que esposas, titulaba el diario El País. ¿Nos eliminarían tan pronto por eso?

1 de Agosto de 2004.

101. Los partidos de pretemporada

Partido clásico de pretemporada con el Torredonjimeno CF.
 Memorial “Francisco Ortega”. En esta oportunidad dos
 de sus nietos, Felipe y Francisco, intervienen
 en el saque de honor. (Precisamente Felipe Ortega,
 hijo del homenajeado, es el jefe de los Servicios
 Médicos del Real Jaén)
Foto: Diario Jaén
         Es opinión común que los partidos de fútbol amistosos de pretemporada que los clubes organizan tienen como finalidad última poner en práctica las teorías estratégicas y tácticas que estudian y ensayan en sus horas de preparación los profesionales. Estos encuentros tienen por eso unas normas específicas convencionalmente aceptadas por todos, también por el público. El aprendizaje en la vida funciona siempre por el procedimiento de ensayo y error, y una tarea primordial de estos días es hacer modificaciones y estudiar alternativas para encontrar la mejor solución a los problemas que plantea el sistema de juego. Los aficionados entienden perfectamente el sentido y el alcance de estas actividades deportivas.
         Sin embargo hay otra lectura implícita escondida en estos partidos de pretemporada, otra cara de la moneda que pasa desapercibida pero que tiene una importancia cuando menos interesante a la hora de crear afición y ambiente entre los aficionados. Quienes tienen la posibilidad y el gusto de asistir a estos encuentros pueden apreciar todos los matices de los ensayos pero esos privilegiados no son lógicamente muchos y a la mayoría de la gente sólo le llega un resultado y un juicio global de cada actuación. No debe olvidarse que son espectáculos públicos de los que se hace una crónica en los espacios deportivos de los medios de comunicación.
El entusiasmo casi nunca es producto de un razonamiento frío y calculado sino que explota de pronto, y es obvio que un titular victorioso como: Espléndida pretemporada... o algo por el estilo, caldearía en seguida el ambiente y se extendería por todas partes una nueva fiebre futbolística.
         Racionalmente todo el mundo es consciente de las condiciones en que se juega (que desde luego son iguales para los dos equipos) pero habrá de reconocerse que, si la suerte acompañase en los partidos de estas semanas, el arrebato y la pasión subirían de grados y la venta de abonos también.

9 de Agosto de 2004.

        
102. Sobre el papel

Aunque cualquier asunto humano puede tener muchos puntos de vista y bastantes opiniones diversas, se puede afirmar legítimamente que la actual directiva del Real Jaén ha conseguido formar para la próxima temporada a punto de comenzar un equipo equilibrado en cuanto a la forma y al fondo. Después de dos años de planificación aparentemente desafortunada, en éste ha habido criterio, procedimiento acorde a ese criterio y resultados ajustados a la planificación.
En cuanto al sistema de trabajo, parece que los responsables han pensado y decidido con toda exactitud qué querían y qué creían que interesaba al equipo de acuerdo a los últimos objetivos. Y, además, da la impresión de que los encargados de hacer los fichajes han encontrado eso que precisamente querían.

Los resultados, que en el fondo es lo que verdaderamente interesa, ofrecen de momento buenas perspectivas. En primer lugar porque se mantiene la base firme, y sobre todo eficaz, que es la manera de evitar los saltos al vacío. (Las pequeñas incidencias de final de la liga pasada se resolvieron con sentido común.) Después, a ojos de aficionado, todos los jugadores de la plantilla tienen carné de titulares, lo que ofrece solidez estratégica y táctica. Las cosas se han hecho bien, probablemente lo mejor que se han podido hacer.

16 de Agosto de 2004


103. El efecto Hawthorne

Esta palabra, Hawthorne, que resulta difícil de pronunciar para quien no domine el inglés, es simplemente el nombre de una fábrica situada cerca de la ciudad Chicago en la que se hizo un famoso experimento sicológico al que le ha dado nombre. Las conclusiones vienen a decir, más o menos, que, cuando una persona está siendo evaluada y lo sabe, por ese simple conocimiento mejora los resultados; que la gente aumenta su rendimiento cuando se siente objeto de un atención especial, cuando tiene que afrontar un desafío significativo ante los demás. Entonces es cuando se ponen en tensión las virtualidades principales y cada uno se esfuerza por hacer bien las cosas, por encontrar el camino del éxito. Es en lo que empezamos a estar a partir del próximo domingo. Se han apagado las candilejas de los ensayos y empiezan las evaluaciones semanales en forma de clasificación, justo la situación descrita en el efecto citado. Atrás han quedado las catas y las pruebas. A partir de ahora acertar o no en los experimentos queda sancionado cada domingo.
Pero el efecto Hawthorne, el esfuerzo y la capacidad, no lo explican todo y ahí quedan las pistas de la pretemporada. La moneda tiene otra cara que está en manos del destino y, si las cosas se han hecho bien como parece, lo que falta ahora es que también salgan así y que los dioses sean propicios. Y, para darle un tono poético al principio de la competición, podemos recordar el famoso texto de Goethe cuando dice que toda teoría es gris pero verde el árbol dorado de la vida, lo que traducido a términos futbolísticos querría decir, por lo de verde esperanza e ilusión, entre otras cosas, que muy bien lo de la táctica y la estrategia (¡faltaría más!) pero que ojalá nuestros jugadores pongan siempre el balón donde antes han colocado la mirada; los reventas de entradas consigan el agosto en invierno; y los árbitros, cuando se equivoquen, por supuesto sin querer, lo hagan siempre a nuestro favor, que esa es la suerte de los campeones. Y que al final nos hartemos de comer perdices, que en este tiempo que empieza el mejor de los optimismos se convierte en nuestra obligación mayor y en nuestra única salida.

23 de Agosto de 2004.

Temporada 2004-2005


Así de espectacular quedó la presentación del equipo 
para la temporada 2004-2005    Foto: Diario Jaén
Y Diario JAÉN también quiso tener protagonismo en ese acto
Foto: Diario Jaén
Al fin, el equipo para esa temporada 2004-2005
Foto: Diario Jaén


104. La fábula de la herencia

Había una vez un rey bueno y pobre, que tenía seis dinares y dos hijos, a los que quería por igual y a los que deseaba repartirles su herencia. El rey estaba seguro, por supuesto, de que sus retoños, con los negocios que habían montado, iban a ser opulentos y acaudalados en el futuro y que el escaso patrimonio que él podía legarles sólo les serviría de una pequeña ayuda para empezar. Y decidió repartirlos para que cubriesen los primeros gastos y además quedaran en buen lugar ante sus amigos y conocidos, que por cierto eran también sus colegas y parroquianos. Pero se le planteaban dos malos problemas: el primero era que las leyes que había impuesto un antiguo visir, antepasado suyo y al que no quería contradecir, no permitían legar de una sola vez todas las riquezas que se poseyeran y como máximo sólo se podía donar la mitad de lo que se tuviera, lo que obligaba al rey a repartir en principio entre sus hijos sólo tres dinares. Bien es verdad que a algunos cortesanos no les parecía conveniente esta cautela, pero otros pensaban que esta ancestral costumbre era prudente para que no se dilapidase de golpe toda la fortuna heredada. El segundo problema era derivado del anterior y consistía en que, al partir la herencia, sus caudales, los tres dinares, no eran divisibles por dos y entonces, si les cedía lo mismo a cada hijo, se perdía uno, lo que, naturalmente, le disgustaba.
         Estando en esas cábalas, se le ocurrió convocar a sus dos vástagos para que, acompañados cada uno de sus cofrades y socios, expusieran las razones que cada uno creyera convenientes a su favor y así volcar la balanza en uno u otro sentido, sabiendo de antemano que, a pesar de la escasa cuantía de las herencia, en ningún caso se iban a quedar plenamente satisfechos todos los protagonistas. Pero no había otra solución. Y ayer fue el debate de los hermanos, uno llamado Linares y otro Real Jaén. Al final, el esfuerzo de cada uno de ellos fue lo que originó la última decisión del destino. Y también, al final, a pesar del interés y del esfuerzo de ambos y del ánimo de sus amigos, el rey, o sea el destino, que estaba dispuesto a ser bueno con los dos, como estaba previsto y sólo era posible, no pudo dejarlos contentos a todos.  

30 de Agosto de 2004.              Real Jaén, 0; Linares, 2. 

JULIO 2004


96. La globalización del fútbol

La Copa de Europa de Portugal ha puesto de relieve una vez más las ventajas de una de los más interesantes normas que todos sabemos que favorecen la vida en común de la gente. Bien es cierto que habitualmente se aplica sólo al ámbito de lo político pero desde luego es recomendable a cualquier escena social. Se trata de aquel principio que asegura que no hay mejor remedio para resolver los problemas internos de una ciudad, un país o un colectivo, que buscarse un enemigo externo con el que la colectividad tenga que competir o pelear. La necesidad de enfrentarse a una potencia extranjera, futbolísticamente se entiende en este caso, ha aglutinado a todos los ciudadanos de cada uno de los países participantes en torno a sus símbolos más representativos.
         Pero la energía que origina y produce esta situación no debe ser desaprovechada. Parecería un lujo de nuevos ricos despilfarrar la fuerza que generan estas situaciones y a alguien se le ha ocurrido que podría utilizarse en beneficio de todos. ¿Cómo prescindir de un entusiasmo colectivo tan intenso, tan fuerte y tan animoso en torno a un equipo, una bandera, un himno, unos colores y unos objetivos?.
Hagamos rentable la lección. ¿Tenemos problemas en constituir vitalmente Europa? ¿Los ciudadanos europeos se sienten ajenos a sus instituciones?. Organicemos una super-liga mundial, en la que puedan intervenir unos doce equipos que representen a todo el Planeta. Puede hacerse por localizaciones geográficas. En África, por ejemplo, se harían cuatro equipos: el África mediterránea, el Sahel, África central y el Sur. O también por los organismos supranacionales que piensan en una posterior unión política.
         Ya ha habido quien ha dicho que la UE se constituirá vitalmente y los ciudadanos se sentirán integrados el día que Europa tenga un ejército que actúe en su nombre o un equipo de fútbol que popularice un himno, una bandera, unos colores y unos objetivos. Es una de las dos lecciones fundamentales que ha confirmado la experiencia portuguesa.

5 de Julio de 2004.


97. Goles para vivir

Junto a la capacidad casi mágica que tiene el fútbol de que todos los que pertenecen a una misma comunidad se aglutinen juntos y entusiasmados en torno a una bandera, un himno, un escudo, unos colores y unos objetivos, las crónicas portuguesas han confirmado otra experiencia de la que estamos todos convencidos pero que no obstante no es malo volver a reconocer. Es la capacidad de ensoñación que produce esta actividad, tal como está organizada y es vivida por tantísima gente. La euforia, la alegría y el alborozo que crea algo tan simple como conseguir un gol.
         Los científicos se han ocupado muchas veces en analizar este fenómeno que supone consecuencias casi prodigiosas. Pero lo que más impresiona es esa gigantesca autoestima colectiva que permite a cada persona ver la vida de otra manera sin que la vida misma haya cambiado nada. Que, sin haberse modificado para nada su situación personal (mantiene los mismos problemas y las mismas alegrías; no se ha hecho ni más rico ni más pobre) sin embargo por la calle, en la casa, en el trabajo y con los amigos todo el mundo está y se siente más contento, más feliz. La vida ha adquirido de pronto un color y una luz que antes no tenía. Porque lo normal es que uno se ponga muy contento cuando supera una enfermedad, encuentra trabajo si está en paro o le toca la lotería. Pero el éxito del equipo no transforma nada y sin embargo tiene efectos absolutamente beneficiosos para la moral y el delirio común.
         Y es que, como ya opinaba Wenceslao Fernández Flores, a pesar de la urgencia de bienes básicos y de tantas necesidades como se tenían (escribe en 1949), lo que en realidad hacía falta para resolver problemas no eran sino goles. El caso es que todos los domingos y días de fiesta, decía, centenares de miles de compatriotas van a buscar su ración de goles que, decía sin duda exagerando, hacen falta lo mismo que hace falta trigo y caucho y gasolina y algodón.
El gol en realidad es una quimera pero el entusiasmo, que incluso se debe conseguir antes del triunfo, resulta imprescindible como el aire.

12 de Julio de 2004.


98. Kilómetro cero

         Dicen los libros que una de las cualidades que nos diferencian a los hombres del resto de los animales es que, mientras que ellos están sometidos a lo que tienen delante y no pueden mirar más allá de lo inmediato, nosotros los humanos poseemos el pasado, el presente y el futuro y, como consecuencia de ello, podemos y sabemos hacer proyectos, programar el camino a recorrer y planificar las cosas y en cierto modo hasta la vida misma.
         Dejando a un lado lo del resto de los animales, que vaya usted a saber de lo que son capaces, la verdad es que siempre andamos metidos en planes, propósitos, intenciones y objetivos. Nos resulta tan imprescindible esta forma de organización que sabemos que no llegaríamos muy lejos si dejamos todo al azar, a lo que resulte o lo que salga. La experiencia nos enseña cada día a todos que, si hasta preparando hasta el último detalle nos falla tantas veces lo que pretendemos conseguir, poco podemos esperar si nos lanzamos sin una preparación adecuada. Únicamente los imprudentes, que los hay y son más de lo que parece en el mundo deportivo, y los muy afortunados, aquellos que tienen a su lado un genio de la lámpara dadivoso y derrochador, pueden permitirse el lujo de organizar el trabajo y su vida sin más contemplaciones.
         Hablando de fútbol y del Real Jaén, estamos justamente en el momento preciso para cerrar la fase teórica y empezar desde el kilómetro cero el nuevo trayecto que impone de manera impasible el calendario. En el marco del proyecto global que ofreció el actual equipo dirigente, es ahora cuando se abre la oportunidad de concretar en la realidad las esperanzas y las ilusiones suscitadas. La travesía por el mundo de la competición oficial es la única prueba del acierto o desacierto de lo planificado, excluido naturalmente el capricho de los dioses a la hora de repartir la fortuna y la (buena o mala) suerte.
         Por lo que se conoce de cómo están funcionando las cosas en la entidad, parece que hay un buen trabajo y que el único capítulo que no acaba de funcionar es la colaboración ciudadana, un asunto delicado que merece una reflexión propia.

19 de Julio de 2004.


99. Teruel existe

Muchos recordarán cómo hace un par de años los habitantes y ciudadanos de Teruel lanzaron una campaña propagandista en la que trataban de mostrar y demostrar que su tierra y su gente apenas tenían protagonismo en la vida social española y en los medios de comunicación. Se quejaban, por supuesto, de la falta de inversiones, públicas y privadas, pero daba la impresión de que en el fondo lo que más les dolía era el olvido casi generalizado, que ellos creían, de su existencia. Nadie se acuerda, venían a decir, de nosotros, de que estamos aquí. Desde entonces aquella campaña ha pasado a ser referencia inevitable cuando alguien empieza a pensar en su marginación.
         Tiene bastante relación este episodio con el comentario que hacía un aficionado y seguidor del Real Jaén cuando decía que, mientras en otras ciudades hablan en primer lugar de sus equipos y sólo después de los grandes y famosos, en Jaén lo hacemos al revés y únicamente nos interesamos de nuestras cosas, de lo nuestro, al final de la serie. Es como lo de Teruel pero desde dentro. Si ellos se lamentaban de que los demás les hemos dejado a un lado, en Jaén, en nuestra tierra, somos nosotros los que a veces desatendemos nuestras cosas.
         Es justamente lo que, como símbolo, está pasando con el enojoso asunto del euro que se cobra en el aparcamiento de la zona Oliva.va para el club, para el Real Jaén (que por cierto a lo mejor siendo voluntario sería mejor aceptado). En ese escenario no se analizan los sentimientos personales ni los puntos de vista individuales. De lo que se trata es de colaborar con una institución nuestra. A uno puede no interesarle el Real Jaén ni el fútbol y ni siquiera el deporte pero, si hay algunos miles de jaeneros, de convecinos nuestros, interesados en esa actividad, hay que echarles una mano por modesta que sea. Y eso no significa nada más. Es como si la Universidad nos pidiera una colaboración, también simbólica, y uno cometiera la tontería de justificar su negativa asegurando que le atrae más y considera más relevantes a las universidades, por ejemplo, de Oxford o la Complutense, que llevan muchos siglos de existencia.

26 de Julio de 2004.

JUNIO 2004


92. El tratamiento aristocrático

Sin duda de que muchos aficionados recordarán la anécdota del anterior presidente del Real Jaén cuando vino a hacerse cargo del equipo y se lamentó de cómo era posible que hubiese jugadores con contrato en vigor para varios años. ¡Como si fuesen Zidane!, parece que dijo. Hubo naturalmente que aclararle que precisamente esa circunstancia era el único condominio del club en ese momento, que además, por supuesto, de su patrimonio histórico, cultural y afectivo la valía de esos jugadores representaba el único aval que podría mostrar el club a cualquier institución o colectivo, que no había ninguna otra cosa de valor en el haber. De este hecho derivan evidentemente dos consecuencias significativas: una, económica pero otra, y más decisiva, social.
Ya se sabe que los clubes de fútbol forman parte de ese amplio grupo de entidades en las que los trabajadores o empleados constituyen el verdadero poder público y son el punto de referencia y relevancia social del mismo. El famoso investigador al que trae desde el extranjero una industria, el pintor de excelencia fichado por una galería de arte que quiere hacerse conocida y prestigiosa o el personaje popular contratado permanente para las campañas publicitarias son algunos ejemplos de esta situación singular que beneficia desde luego a unos y a otros pero que también plantea algunas dificultades añadidas. Decía hace poco tiempo un comentarista que, cuando el año pasado el Real Madrid organizó, como decisión de empresa, aquella expedición a Asia, los jugadores se dieron cuenta de pronto de que ya no tenían tratamiento aristocrático, que estaban sometidos a reglas mundanas como empleados de lujo y cada día pintaban menos, como se había demostrado cuando el Ayuntamiento les impidió acceder a la Cibeles.
         La inquietud que hay detrás de este hecho es descubrir cuál es el espacio social que tienen los jugadores dentro de la sociedad, empresa y público, que les cobija porque del éxito de esa tarea dependen muchos beneficios para todos. De no acertar entre todos en este equilibrio, se pueden originar perjuicios evidentes como ha ocurrido en algunos clubes de los más famosos.

7 de Junio de 2004.


93. La microeconomía

Cuando la utilización de la estadística empezó a generalizarse, el lenguaje corriente hizo muy popular aquello que podemos describir como la teoría del pollo. Se trataba de una observación muy elemental y consistía en poner en duda, o mejor en solfa, a la nueva ciencia y su aplicación a la vida. El razonamiento explicaba que si tenemos un pollo y una persona se lo come mientras la otra se queda a dos velas, la estadística sin embargo llegará a la conclusión de que cada una se ha comido la mitad, lo que, visto desde cerca y a la ligera, tira por tierra todos los saberes universales.
         Sabemos que las cosas no son así de sencillas y que esta crítica satírica no es más que una broma cargada de ironía contra los intelectuales y los teóricos que, a veces, en lugar de resolver los problemas no hacen sino complicar más las cosas. Pero encierra un punto de verdad que no conviene dejar a un lado. Y es la contradicción que se da con más frecuencia de lo razonable entre las grandes cifras de las cuentas del Estado y la realidad de la economía familiar y personal de cada uno; que una cosa es la inflación en Europa o en España y otra la subida de precios que acaba imponiéndose al tendero de la esquina; una cosa es la macroeconomía y otra la microeconomía.
         Pues ahora en el fútbol estamos en la macroeconomía, en las grandes cuentas y los grandes acontecimientos, algo sin duda muy interesante y que cuando menos entretiene mucho. Pero no podemos olvidar que después de la feria viene la rutina de cada día y que en este aproximadamente mes en el que vamos a estar pendientes de Portugal se está cociendo en la cocina doméstica la planificación de nuestros equipos que a fin de cuentas son después los que nos dan alegrías o tristezas durante todo el año. Que toda esta fiesta del fútbol pasa pronto y luego los domingos, uno tras otro, y las clasificaciones no perdonan a los que se han distraído.
Y en estas semanas hay dos tareas ineludibles que hacer: la directiva, preparar un equipo razonable, y los aficionados inscribirse como socios aunque sea simplemente para poder exigir después con legitimidad. Y a nadie le conviene despistarse.

14 de Junio de 2004.


94. La agonía ibérica

Quienes andábamos a finales de los cincuenta y principios de los sesenta haciendo nuestros primeros escarceos literarios, precisamente en el Diario Jaén, junto con algo de teoría política y algún otro menester de ese tipo (que seguramente recordarán casi todos los de entonces) solíamos sonreírnos, con la suficiencia propia de la gente joven que quiere hacer cosas importantes, entre otras chanzas de una que podríamos titular el cura y Miguel de Unamuno. La historieta refería que un cura de un pueblo insistía una y otra vez en sus sermones y pláticas contra don Miguel ya que le había enfadado muchísimo que éste hubiera escrito un libro titulado “La agonía del cristianismo”, como si nuestra religión estuviese ya a punto de terminar, aseguran que decía una y otra vez, y no fuera eterna. La martingala del asunto está, para quien no haya leído el libro o no lo recuerde, en los dos significados básicos de la palabra agonía. Agonía quiere decir lo que todos sabemos: proximidad a la muerte, pero también lucha y contienda, que es el sentido en el que la utiliza y que explica Unamuno al principio del libro. De donde se deducía que el referido clérigo no había leído ni por asomo el libro que no acababa de criticar.
         Y en esas hemos estado hasta ayer por la tarde: agonizando en los dos sentidos de la palabra. El lenguaje belicista y de epopeya que mucha gente utiliza a la hora de hablar de victorias y derrotas se nos acaba contagiando y nos empuja a vivir un partido de fútbol como si estuviese en juego el final del mundo y de los tiempos. Y casi fue así. Locutores y comentaristas ha habido que han recordado la batalla de Aljubarrota en 1385 que los portugueses consideran el símbolo de la derrota española. O morimos nosotros o mueren ellos, dijo el seleccionador de Portugal. Ha sido una agonía terrible, una lucha robusta y vigorosa mientras los dioses, comandados por Júpiter como en la guerra de Troya, tuvieron la libertad de auxiliar cada uno al bando que quiso.
Después quedan nuevas agonías: la que todos los perdedores van llorando por las esquinas y que a fin de cuentas resulta irreversible en su desgracia, y la que renace para los supervivientes.

21 de Junio de 2004.             Portugal, 1; España, 0, en la Eurocopa.


95. Razones y emociones

Planteaba el otro día José Eugenio Lara, dejando a un lado los aspectos técnicos que citaba, un tema de alto interés para el desarrollo deportivo, del Real Jaén en este caso, pero aplicable a los aspectos generales organizativos. El asunto de fondo que sugería es la comunicación necesaria e imprescindible que, para garantizar el éxito de un proyecto, debe haber entre los responsables de un club y el grupo social al que pertenece. 
El tema es obviamente muy importante y exige un análisis múltiple y desde diversos puntos de vista. Pero de entrada todo el mundo estará de acuerdo en un primer principio general: esta comunión entre directivos y masa social (como se dice ahora en una expresión de no muy buen gusto) no es sólo una condición previa para que algo funcione sino que, mirando bien las cosas, se convierte en el objetivo final de cualquier tarea colectiva hasta el punto de que fallar en esto es dar al traste con todo el invento.
Desde hace unos cuantos siglos se viene diciendo, y así lo cree la mayoría de la gente, que son dos los motores que tenemos los seres humanos para ponernos en marcha y hacer las cosas que la vida nos exige: por una parte la razón y, por otra, el sentimiento o las emociones. Incluso está muy extendida la creencia de que esas dos fuerzas son contrapuestas de manera que cada una tira para su lado tratando de anular a la otra, y se suele creer que el equilibrio entre ambas es la mejor garantía de éxito en la vida. Y desde luego esto vale tanto para las personas como para los grupos.
Toda esta teoría tiene mucho que discutir y las cosas no son tan simples como parece a primera vista pero ilustra muy bien sobre el debate planteado para poder describir cómo la actual junta directiva del Real Jaén ha cubierto hasta unos límites admirables la racionalidad poniendo orden y seriedad en lo que era un caos absoluto, lo que ya es de por sí un mérito digno del mayor elogio. Pero a lo mejor le ha faltado algo de sentimiento en su expresión pública, teniendo en cuenta, además, los aspectos positivos y negativos que encierra en el ámbito de las emociones ese fenómeno tan singular llamado fútbol.

28 de Junio de 2004. 

MAYO 2004


87. Comprar y vender

El fútbol tiene a veces en palabras y en expresiones un lenguaje envenenado que, bien visto, resulta desagradable y que habría que extirpar lo antes posible. Valga el ejemplo, que se ha normalizado y ya a nadie sorprende, de eso de vender o comprar un jugador o lo del mercado de invierno, como si no estuviésemos hablando de personas. Y eso no está bien. Es un mal estilo. Normalmente ningún empresario dice que ha comprado dos ingenieros para su fábrica ni que ha vendido tres o cuatro obreros para la planta de almacenaje. Son otras las maneras de contar esas decisiones. Ya sabemos que son expresiones simbólicas o usos simplificadores del idioma pero hay cosas que deberían cuidarse más. Porque al final acaba ocurriendo que las conductas se acomodan a lo que se dice y se juega con cierta alegría del destino de los profesionales, considerándolos de verdad como una propiedad y tratándolos sin el respeto que merecen. Es la llamada escalera que va de las palabras a los hechos y, al revés, de éstos a las primeras.
         En el fútbol hace falta gente que acabe rompiendo groserías de este calibre. Y así, por lo que se conoce, los directivos del Real Jaén, en el ámbito de su soberanía, han querido ser galantes y considerados con el entrenador, anunciándole con una antelación razonable propia de quien aspira a mejorar los modos del fútbol, su propósito de cumplir al pie de la letra el contrato vigente (sin entrar en otras consideraciones y al margen de que haya conseguido o no los objetivos que se propuso cuando diseñó la plantilla actual) al tiempo de anunciarle que no firmarán un nuevo contrato. Y ha pasado lo que ha pasado. 
         Seguro que se les han quitado la ganas de ser en lo sucesivo gentiles y afables con los profesionales del club pero, por lo que vamos viendo, también es seguro que volverán a tropezar otra vez con la misma piedra. Lo que nos honra a todos.

3 de Mayo de 2004.                  Real Jaén, 5; Playas Pájara (Canarias), 1.


88. La segunda vuelta

Refranes, dichos y frases hechas sobre los sinsabores, las desdichas y los malos ratos hay muchas y de muy variado sentido. En unos casos para lamentarse de que el destino nos haya cogido ojeriza y nos esté fastidiando más de la cuenta; en otros, reclamando ayuda a los que pasan al lado del camino; y en bastantes ocasiones para expresar la esperanza de que en adelante vendrán muchos mejores tiempos. Pero todas de una u otra manera vienen a constatar cómo llegan rachas y situaciones, digamos no muy halagüeñas, que ponen a prueba el temple de sus protagonistas.
Pensando en cosas de estas, se da uno cuenta de que la verdad es que hasta el momento los miembros de la junta directiva del Real Jaén han disfrutado de pocas ocasiones de satisfacción. Por lo que se ve desde fuera y se conoce de sus decisiones, se esfuerzan en hacer las cosas bien, especialmente con método y con sentido, y sin embargo apenas le ha llegado la oportunidad de grandes celebraciones. Éxitos sí han tenido y muchos, el más importante quizá haber conseguido credibilidad, solvencia y buena fama, precisamente en un ámbito social en el que abundan más de la cuenta las marrullerías, y sobre todo empezar a consolidar un club que, como otros muchos, es algo más que una empresa. Pero más allá del placer interior que siente uno por el deber cumplido, no ha habido éxitos deportivos espectaculares ni la gente, además de los mil y pico habituales, ha respondido viniendo al campo de la Victoria.
Estos días han sufrido el último revés de importancia con la sentencia de ese, al parecer, extraño caso de indemnización por despido que se mueve en cantidades prohibitivas para una economía tan precaria. En esa situación tan agobiante, a lo mejor otros hubiesen tirado la toalla, declarando insolvencia total y cerrando la última llave del club. Pero no ha sido así y han mantenido el tipo.
Hablando de estos desequilibrios entre el esfuerzo y sus resultados el escritor Jiménez Lozano dice estar seguro de que al final siempre hay una segunda vuelta que corrige los desajustes del primer pase. Seguro que esto le ocurrirá a la actual junta directiva, que se lo están currando.

10 de mayo de 2004.                     Cacereño, 3; Real Jaén, 2.

 
89. In medio, virtus

         Todo el mundo sabe lo que significa este latinajo, sin necesidad de conocer la lengua que hablaban los romanos: la virtud está en el término medio.
         Resulta que este axioma filosófico, que se les había ocurrido a los griegos, se ha hecho muy popular y apenas hay gente que no esté de acuerdo con el. Casi todos los planteamientos educativos, la mayoría de los sermones, bastantes de nuestras actitudes y hasta los consejos de los mayores vienen a defender la teoría de que en la vida lo importante es huir de los extremos y quedarse en un prudente y razonable término medio. No conviene pasarse ni de listo ni de torpe. Tú, hijo mío, dicen muchos padres a sus retoños, trata de no destacar, de no significarte, evita que se fijen especialmente en ti porque eso a la larga te puede causar más perjuicios que beneficios; quédate en el término medio, en el grupo, en la prudente mitad. Tú, hijo, ni frío ni calor, que ambos en exceso, el mucho frío y el mucho calor pueden ser contraproducentes y nocivos.
         Y eso es lo que ha cumplido a fin de cuentas el Real Jaén esta temporada en el terreno deportivo: cero grados, como dice la broma. Ser virtuosos, quedándose en la mitad y tratando de no señalarse ni por abajo (¡menos mal!, no nos fuera a ocurrir lo del año pasado) pero tampoco entre los primeros, que a los demás también hay que dejarles respirar y lucirse. Incluso para no caer en la tentación de la vanidad, ni siquiera se ha acercado en ningún momento a los de arriba. Vamos, que salvo en las palabras y en las buenas intenciones, no han existido jornadas en las que la clasificación le haya lanzado hacia los mejores. Siempre, más o menos, en la mitad, en la medianía. Como las doctrinas que rigen nuestro comportamiento virtuoso. Ese ha sido su mérito: como decía un muy famoso poeta latino, Horacio, la dulce mediocridad, ser uno bueno del montón.
         De todas maneras, como hay mucho travieso por el mundo, seguro que más de uno hubiese preferido que hubiera sido un poco malo y no tan prudente y que se hubiera paseado entre los primeros aunque luego al final las cosas no hubiesen salido. ¡Qué le vamos a hacer! ¡Es que hay una gente...!
        
17 de Mayo de 2004.                 Real Jaén, 1; Extremadura, 2.


90. Los 150.000

Lo más seguro es que fuera la exageración de un cronista entusiasmado (que también ellos se dejan atrapar por el ambiente) pero en una televisión llegó a darse la cifra de 150.000, que figura en el título de este comentario, como la del número de aficionados valencianistas que habían salido a la calle a celebrar el triunfo de su equipo en la liga. Sorprendente volumen de entusiastas si uno se fija en la capacidad de espectadores de los estadios y en el conjunto de los que acuden a los mismos.
No importa sin embargo demasiado la precisión de este dato pero sí hay que reconocer la evidencia de que los celebrantes del éxito eran muchos más miles que los seguidores del equipo, aquellos que cargan sobre sus espaldas y su bolsillo las alegrías y las tristezas de cada día, los que, al decir del refranero, están a las duras y a las maduras.
Puestos a analizar esta circunstancia tratando de encontrar una explicación a tal desfase de números, algunos maliciosos han propuesto la teoría de que en esa ciudad, patria de las llamadas rotaciones futboleras de tan felices resultados deportivos, éstas han alcanzado también a los espectadores de manera que éstos asisten como por turno a los diferentes partidos. Otros achacan el hecho de tantos seguidores, en principio improvisados, a gente a la que le gusta la fiesta y sin conocer bien el motivo se apuntan a cualquier bautizo, creyendo que es una boda. Y sin duda el que haya ocurrido ese fenómeno se ha debido también y sin más a la costumbre tan extendida, tanto en la vida pública como en la privada, de lo que se llama apuntarse al carro del vencedor: una actividad relativamente espontánea y que sufre o goza todo aquel a quien la fortuna elige en cualquiera de sus modalidades (ser nombrado ministro o simple director general, acertar en los cupones o, últimamente, salir en la televisión, lo que está acrecentando casi hasta el infinito el número de dichosos en la vida).
Lo más probable es que la causa de toda esa congregación sea un conjunto de éstas y otras motivaciones más o menos similares. De todas formas sería interesante buscar algún sistema para incorporar la sinergia de todos esos celebradores de eventos. 

24 de Mayo de 2004.


91. Fantasía festiva futbolística

Precisamente hablando de todos aquellos que se apuntan en seguida y sin más miramientos a cualquier gaudeamus o jolgorio que se presente, como se ha visto en Valencia (y es observable en cualquier parte del mundo), es el momento de estudiar cómo sería posible aprovechar las energías y el alborozo de estas personas y de otras de entusiasmo similar en beneficio del club y, en definitiva, del equipo y del fútbol. De no hacerlo es dejar que se pierda en el vacío una fuerza social tan interesante cuyo impulso podría ser muy útil, dadas las dificultades que hay para entusiasmar a la gente, ni siquiera a base de mantecados o licores que, por supuesto, siempre son de agradecer.
         Se trataría simplemente de crear una nueva categoría social y grupal que anime el cotarro y estimule al personal a acudir a los partidos. Podría llamarse algo así como celebrador de eventos (o algo que suene mejor) y tendría como tarea y obligación organizar y colaborar en fiestas, pasacalles, y demás jaranas que contribuyan a conseguir los fines establecidos. A cambio el club les daría algunas prebendas como entradas más baratas y otras ventajas sociales. Aunque podría haber diferentes niveles, modalidades y especialidades dentro del grupo, esta tarea sería algo así como unir en una actividad conjunta ocupaciones como la de animador de ocio, millonario en los toros, claque en los teatros y revistas, publicitarios callejeros y otras varias de características similares, siempre tan populares, seductoras, creativas y sugerentes. .
         Su actividad no debería ceñirse a un hipotético triunfo final. Como ocurre, por ejemplo en los toros, los celebradores de eventos podrían organizar una manifestación después de cada partido en el que las cosas le hayan salido bien al equipo, sacando a hombros a los jugadores destacados, acompañados de buenas músicas y, como hacían los griegos con los triunfadores en los juegos deportivos, podrían contratarse juglares que cantaran odas triunfales a los vencedores.
         El resto de circunstancias, matices, organización y complicaciones se determinará en su momento.

31 de Mayo de 2004.

ABRIL 2004


83. Anverso y reverso

En los días previos al partido de ayer del Real Jaén con el Vecindario el ambiente venía cargado de expectativas ante un equipo que ha llegado precedido del aura de unas estadísticas increíbles, como reflejaban con estas u otras palabras parecidas las opiniones y declaraciones habituales durante la semana. Por lo general se concretaban estos elogios asegurando que el equipo canario posee unas extraordinarias cualidades futbolísticas como puede comprobarse en los datos espectaculares que ofrece la clasificación. Unos números y unas estadísticas que garantizan una alta perfección técnica, primero en la plantilla y después en los resultados, es decir, tanto en los aspectos estáticos como en los dinámicos de la práctica deportiva. Dicho de una manera más tópica, algo así como que el Vecindario es una especie de galáctico de nuestra división.
Es verdad que en algunos aspectos cuantitativos ese equipo destaca sobre manera pero también es cierto que el desarrollo del partido únicamente justificó en parte todo lo que se había dicho. Buenos modos estratégicos y buenas maneras técnicas pero el Real Jaén pudo haber ganado los tres puntos que se discutían.
De todas formas ha resultado una experiencia muy atractiva y sugerente este coro laudatorio en el que casi todos hemos participado, más allá de las aburridas, por repetitivas, consideraciones que se hacen antes de un partido de fútbol. Como si hubieran salido del inconsciente, cada elogio era sin buscarlo un vituperio para nosotros mismos, cada una de esas opiniones elogiosas encerraba una desaprobación para nuestro equipo. Como en un juego de anverso y reverso, suponía implícitamente una crítica para nosotros porque, si los objetivos eran los mismos, los mimbres deberían haber sido similares, aunque luego la suerte y los desatinos parciales lo hubiesen estropeado. Pero hasta ahora los ingredientes de cada domingo han sido los habituales, lo que nos lleva a pensar que nos equivocamos al proponer horizontes que han resultado imposibles. Y demuestra que el error principal se cometió antes de empezar a liga.

5 de Abril de 2004.                       Real Jaén, 0; Vecindario (Canarias), 0.


 84. Calma chicha

Todo el mundo parece tener claro que los agobios, las tensiones y el nerviosismo no fortalecen el espíritu sino que, por el contrario, causan más daño que beneficio, y hasta producen enfermedades las más de las veces. La ansiedad, por ejemplo, es considerada una dolencia nefasta para el buen desarrollo de la vida. Por eso, si queremos una existencia razonable, se nos hace imprescindible buscar la quietud y el sosiego que tan útiles y propicios son para nuestra salud, la del alma y la del cuerpo.
         Y en esta situación tan ventajosa y tan cómoda estamos los aficionados y seguidores del Real Jaén. Sumergidos en una especie de nirvana, nos encontramos relajados y reposados ante la seguridad de que ya no hay peligro a la vista y que nada nos amenaza deportivamente para lo que queda de temporada futbolística. Ya llevamos unas semanas fondeados en aguas tranquilas y calmosas en las que gozamos de la tranquilidad, lo que es un buen remedio para los disgustos que nos proporciona la existencia. Porque, si somos sinceros, hemos de reconocer que en verdad nadie llegó a considerar este año que el descenso fuese una amenaza posible.     
         Lo único pernicioso de esta situación es que se quebrantan los ardores y las pasiones que dan color y juego a la vida, y acabamos cayendo en una monotonía sin aliciente cuando las emociones, bien dosificadas desde luego, son una garantía eficaz de progreso. Ya se sabe que la calma chicha, como dicen los navegantes, permite asegurar la nave pero en ningún caso avanzar hasta puerto. Pero así han venido las cosas. Lo inteligente en estas condiciones es aprovechar la coyuntura para revisar los mecanismos de funcionamiento y ponerlos a punto para el momento en que llegue la tempestad.
         Donde más que calma hay serenidad es en los despachos del club. ¡Ahí es nada conseguir que la Hacienda Pública se fíe de uno, si además este uno forma parte de un colectivo que a veces parece tener a gala el incumplimiento de sus obligaciones financieras con los organismos colectivos! Eso sí que es, como decían los romanos, un ave rarísima, casi como un cisne negro. O un mirlo blanco.

12 de Abril de 2004.                           Los Palacios, 1; Real Jaén, 3.
   
  
85. El burro de Buridano

Juan de Buridano fue un profesor de filosofía en la Universidad de París allá por la Edad Media. Un día tratando de explicar los mecanismos mediante los cuales las personas tomamos decisiones o ejercemos la libertad, propuso como discusión el siguiente ejemplo: imaginemos, dijo, un burro con hambre que para comer tiene delante de sí dos montones de paja tan exacta y absolutamente iguales que no hay ninguna razón para inclinarse por uno o por otro. ¿Qué hará en ese caso? Por supuesto que es una simulación pero la pregunta sirve muy bien para ilustrar las dudas que muchas veces tenemos cuando nos vemos forzados a tomar una determinación y no tenemos argumentos más poderosos para inclinarnos por una u otra opción.
Pues algo así pudiera estar ocurriéndole a la directiva del Real Jaén a la hora de decidir si renueva o no al entrenador Nogués para la próxima temporada. Criterios definitivos para una u otra alternativa no parece que los haya, al menos desde fuera, en lo que percibe el aficionado. Sus buenas condiciones personales y profesionales relacionadas con todos los aspectos humanos y técnicos, individuales y colectivos, de los profesionales parece que están a su favor y eso es muy importante, sobre todo en un mundo como el del fútbol que por evidentes motivos siempre está en el candelero. Pero, con esta plantilla en cuya selección, al parecer, intervino de manera muy principal, los resultados no le han acompañado y se han movido en un tono de término medio o mediocridad, algo que en este juego enfría a la gente y no le invita a participar: de acuerdo con el dicho, se ha jugado como nunca y se ha perdido muchas veces, aunque el partido de ayer fuese todo lo contrario.
Buridano aseguraba que, cuando se da esta circunstancia, lo lógico es que el burro se muera de hambre. Como cuando andamos dudando a qué película ir y al final no vamos a ninguna. Pero esto ni es bueno ni sería posible. Claro que a lo mejor la directiva ya ha tomado una decisión y estas letras no sirven para nada. Aseguran los que saben de estas cosas que es mejor morir harto que muerto de hambre.

19 de Abril de 2004.                          Real Jaén, 2; Sevilla B, 1.


86. ¡Una toalla!

El hecho de que en el fútbol no se permita a los equipos rendirse o marcharse marca sin duda, y mucho, esta práctica deportiva. Y esto tanto si es a lo largo del campeonato como en el desarrollo de un partido. Es uno de los infortunios y los inconvenientes que, además, está incluido en sus reglas básicas. A diferencia de otros deportes en los que poder irse en un determinado momento forma parte del juego, en el fútbol no se admite dejar la contienda a medias sino que todo tiene que llegar hasta el final y es el reloj el que marca el término del trayecto. No vale aquí ni haber alcanzado la meta, sea cual fuere el tiempo invertido, y tampoco está permitido que un competidor arroje la toalla en señal de abandono al reconocer la superioridad del contrario.
En el caso de un partido, aunque un equipo, por la razón que sea, se vea una tarde sin posibilidades ningunas de ganar, se sienta avasallado por el contrario e incluso insultado por los espectadores con los consabidos gritos taurinos, tiene que consumir todo el tiempo establecido y el reglamento no le permite una retirada digna que, sin alterar las consecuencias de la competición, le sirviera para sentirse vencido pero seguramente no derrotado. Aunque la desgracia y la desventura se estén burlando de su suerte o simplemente que todos tenemos un día en el que no salen las cosas, un equipo tiene que mantenerse como si tal cosa si no quiere ser sancionado. 
La otra circunstancia paralela se da en el transcurso de una temporada o una competición cuando ya no queda nada significativo que hacer, como le ocurre al Real Jaén en estos momentos. Bien es verdad que podría ser que todos los puestos de la clasificación tuviesen cierto premio en alguna forma pero no es así y ahora sólo queda la honradez de los profesionales.
Por supuesto que cambiar algo de todo esto sería un lío complejo y quizá hasta imposible pero todos tenemos derecho a desahogarnos una vez y desear que, visto lo visto, esto termine cuanto antes para que se pueda preparar el futuro de la mejor y más rápida manera.

26 de Abril de 2004                  Corralejo (Fuerteventura), 1; Real Jaén, 0. 

MARZO 2004


78. Ser grande

Para ser grande en cualquier orden de la vida hacen falta dos requisitos, la fortuna y el esfuerzo, es decir, la buena suerte y la voluntad de serlo. Sin uno de estos dos soportes, es vano todo intento. Los elegidos necesitan que los acontecimientos en los que se vean mezclados colaboren en sus propósitos y, al mismo tiempo, tienen que disponer de ánimo suficiente para resolver las dificultades y superar los obstáculos con los que se topen en su camino. Porque el hado, aunque sea favorable, siempre busca resquicios para probar las fuerzas de los que aspiran al éxito y a la gloria. Y aquí está, como decían los clásicos, el busilis, o sea, la clave para un final feliz.
Ayer fue un día de los que el Real Jaén tuvo la oportunidad de manifestarse como lo que todos deseamos. El partido ante el Lanzarote le permitió la posibilidad de demostrar que sabe vencer con aplomo y con acierto las dificultades que el azar le pone delante y que, por tanto, merece estar entre los grandes. Precisamente la irracionalidad y el sin sentido de lo que ocurrió hacía más difícil la aventura pero más valioso el premio. La actuación del árbitro fue la ocasión, que necesariamente tenía que ocurrir cualquier domingo, de demostrar poderío y fuerza. Pero se falló y no pudo ser.
         El equipo no fue capaz de manifestarse como un distinguido y mostró un estilo quebradizo. Parodiando el lenguaje de épica que gusta mucho a bastantes comentaristas de fútbol, podemos decir que los dioses le abrieron la esportilla para que se colara con los inmortales y, con el triunfo por bandera, empezara a considerarse a sí mismo como un grande, que es el camino imprescindible para serlo. Pero no fue capaz de subir los obstáculos y tendremos que esperar a otra vez.  
         La mala sombra añadida es que el grave desacierto ha venido a estropear la que hubiera podido ser una de las mejores semanas no ya del equipo sino del club, con el primer paso firme que se ha dado para que la entidad empiece a tener algo, que en el mundo de los negocios es lo mismo que empezar a ser algo. Que en este terreno, por lo que se ve, sí estamos en camino de ser de los grandes.

1 de Marzo de 2004                 Real Jaén, 0. Lanzarote, 1.


79. Las tristes tardes de los domingos

Las tardes de los domingos siempre han llegado envueltas en un tufillo sutil de melancolía y pesadumbre por lo que representan de vuelta al trabajo, tal como se entiende en la cultura judaico-cristiana, y de abandono de los placeres de la fiesta. Las tardes de los domingos siempre han sido un poco tristes. Bien es verdad que las cosas han cambiado tanto que casi nadie reconocería el ambiente dominguero de hoy en el de hace unos años pero, a pesar de las novedades, no se ha perdido del todo la atmósfera lastimera y apenada. Lo saben muy bien sobre todo quienes tienen tareas pendientes y necesitan ponerse al día.
         En ese contexto los partidos de fútbol y las quinielas aparecieron como un atractivo, ingenioso y divertido remedio a la situación. En el campo cuando el equipo juega en casa, por medios mecánicos –la radio, la televisión- cuando sale de visitante. En este segundo caso la novedad de poder seguir los partidos con lo que se llamaba el marcador simultáneo y especialmente por la radio resultó una manera interesante, casi revolucionaria, de cambiar el clima y darle otro aire a las horas de la caída de la tarde. Lo malo era la impotencia de la distancia y lo bueno el ejercicio talentoso de imaginar lo que realmente estaba ocurriendo en el campo, simplemente a través de las palabras. Más o menos como ahora, que, salvo el desarrollo técnico, las cosas están como estaban. 
         Pero este remedio para animar y alegrar un poco la desazón vespertina no siempre resulta eficaz. Antes al contrario, es muchas veces más una purga que un placebo, si el éxito no le va saliendo al equipo. Como ayer con el partido del Real Jaén en Badajoz. Una especie de sin vivir viendo, u oyendo, cómo pasaban los minutos y no había manera de ganar.
         La tarde por eso siguió triste y esta vez el fútbol no fue capaz de arreglarla ni darle ese tono de sonrisa que uno exhibe cuando ha ganado el equipo. Lo malo de todo esto es cuando uno se acostumbra a ver el fútbol desde un estado de ánimo determinado, como dice Javier Marías, si ese estado empieza a ser rutinario y las tardes de los domingos siguen siendo tristonas.

8 de Marzo de 2004.                   Badajoz, 1; Real Jaén, 0.


80. La teoría del buen huésped

         La hospitalidad es una virtud de la que alardean todos los pueblos y todas las culturas. No hay ciudad, colectivo o comunidad que no se tenga por amable acogedora de quienes deciden hacerle una visita, y la verdad es que todos nos esforzamos en atender con sumo cuidado y atención a quienes por uno u otro motivo vienen a nuestra casa. Al fin y al cabo, incluso por egoísmo como dirían algunos de los sociólogos más de moda en nuestros días, todos somos huéspedes en otros momentos y nos gusta que nos traten con la misma amabilidad con la que nos comportamos con los demás.
         Es lo que hizo ayer el Real Jaén en su partido con el Mérida, un equipo al que ganamos en su casa en la primera vuelta y al que, en justa correspondencia, ahora se trataba de compensar, como es propio de la gente de bien. Para no ser menos que ellos, era obligado devolverles la gentileza que tuvieron con nosotros en nuestra visita, comportándose como verdaderos anfitriones elegantes y donosos. Por eso les dimos todas las facilidades a nuestro alcance para que se marcharan contentos de nuestra hospitalidad. Wenceslao Fernández Flores, con ocasión de ver un partido en el que el equipo de casa perdía, lo cuenta de este modo: “bruscamente comprendí el verdadero significado del trance. Se trataba, sin duda, de dar pruebas de la vieja y magnífica cortesía española. Ya en una ocasión estudié el caso de un portero galante, que no se oponía a que la pelota entrase en su red. Pasen, por favor, y no sean tímidos: aquí tienen la portería a su disposición”, decía, “mientras los goles subían y subían al marcador”.
         Ayer no fue así porque, las cosas como son, el Mérida fue un equipo educado y modoso que no quiso abusar de la acogida, a pesar de que pudo hacerlo con toda facilidad en bastantes ocasiones. Le bastó con probar los obsequios de la casa y darse así por satisfecho.
         Pero el problema es que ser cortés con los visitantes es una virtud tan general que no hace falta exhibirla porque, como con aquello del valor en la antigua mili, es implícito, se supone siempre. El Real Jaén no tenía que haber hecho ese alarde, con lo que nos hubiéramos quedado con los tres puntos. ¡Con la falta que nos están haciendo!

15 de Marzo de 2004.                  Real Jaén, 0; Mérida, 1.


81. El lugar natural

Pensaban los antiguos, y, al parecer, no andaban muy equivocados, que en la vida todos tenemos un sitio propio, un rincón, una posición a la que ellos llamaban el lugar natural, el “locus”, utilizando una palabra latina que es la que aun se maneja cuando se habla de estas cosas. Opinaban que no es posible la existencia de personas o grupos que no dispongan de una localización propia porque eso sería quedarse sin referencias. Y como no conocían lo que en el lenguaje familiar llamamos la ley de gravedad, creían que, cuando la vida, como ocurre muchas veces, nos mueve de acá para allá sin que haya una fuerza aparente que empuje, es porque nos hemos salido del puesto que nos corresponde y estamos buscando nuestro lugar natural, nuestro “locus”. En la cultura general y popular ha permanecido la idea de que todos nacemos con una etiqueta determinada y tenemos un terreno propio.
El problema se presenta cuando nos equivocamos de territorio. A todos nos ha ocurrido más de una vez la experiencia de ese error, de darnos cuenta al entrar en algún sitio que ese no era nuestro ambiente, que estábamos de sobra. Incluso a veces, como pasa en muchas películas, ese error se paga muy caro.
Esto es lo que nos puede estar pasando con el Real Jaén. Que durante mucho tiempo creímos que su lugar natural era uno y ahora está resultando que estábamos equivocados, que es otro. Teníamos la convicción de que era entre los primeros de la clasificación, los mejores y, al parecer, es mucho más abajo. Por ese motivo, de acuerdo a las leyes naturales, el equipo para alcanzar su sitio está sufriendo lo que es, dicho a lo fino, un movimiento vertical descendente, o sea, una caída en picado.
Resulta triste recordar que esta reflexión es más o menos hija de otra, de contenido similar, escrita hace un año, el 17 de Marzo, cuando el equipo perdió en Cáceres con el mismo resultado de ayer. La posición deportiva es parecida. 
Lo malo es que de momento pocas medidas externas se pueden tomar. Menos mal que la junta directiva sigue con buenas maneras a pesar de que se le acumulan las desdichas. Esperemos que éstas confirmen aquello de que no hay mal que por bien no venga.

22 de Marzo de 2004.             Jerez de los Caballeros, 2; Real Jaén, 1.


82. Un PGOU para el equipo

         Como mucha gente sabe, un PGOU (acrónimo de Plan General de Ordenación Urbana) es un documento legal muy complejo que regula el uso y distribución del territorio urbano, señalando tanto lo que se debe, y lo que se prohíbe, construir, como las condiciones de espacio, lugar y demás características de las edificaciones de todo tipo y condición así como los viales. Porque encierra detrás demasiados intereses, sobre todo económicos, su tramitación es muy ardua y dificultosa pero es un instrumento imprescindible para definir y explicar qué se quiere hacer en una ciudad y de una ciudad, y cómo se pretende organizar la vida en común. Un PGOU es en última instancia un sistema de planificación y organización total colectiva y un sistema preciso de explicar y realizar lo que se piensa sobre las formas y maneras más adecuadas para una vida cómoda, relajada y, hasta donde sea posible, feliz de una comunidad.
         Consciente la junta directiva del Real Jaén de que para evitar la desaparición de la entidad es imprescindible tener patrimonio propio, ha planteado la construcción de una ciudad deportiva, y la Corporación Municipal ha iniciado los trámites para modificar parcialmente el PGOU de Jaén de manera que se autorice esta propuesta. Con ello el club, en declaraciones de su presidente, salva su viabilidad económica y deportiva, y de esta forma pretende iniciar un proyecto ordenado, eficaz y productivo, que al fin y al cabo es de lo que se trata cuando se gestiona una empresa que, además de serlo, representa una institución social de raigambre y peso sensible.  
         El equipo ha sido otra cosa. Precisamente lo que en la práctica le viene faltando es algo así como un PGOU, una manera completa y total, teórica y práctica, de planificación y organización que señale la ruta de manera consistente. Ya se sabe que el deporte es una de las actividades que encierran más imponderables, pero la imagen que queda ahora cuando, abandonado el objetivo A que era la liguilla de ascenso, estamos a tiro, después del triunfo de ayer, de alcanzar el B, o sea mantenerse en la categoría, es más bien de traspiés que de formas seguras y precisas. Dejemos las cosas así, pero habrá que ir comprando ya los cuadernos en los que anotar el PGOU deportivo para la temporada próxima.

29 de marzo de 2004.                        Real Jaén, 2; Melilla, 0. 

FEBRERO 2004


74. Premios y castigos

Desde que empezó la liga, el Real Jaén, como probablemente ocurre con casi todos los equipos, ha recibido muchos galardones, tantos como partidos se llevan jugados. Han sido premios de los que llamamos morales, es decir, internos, subjetivos e íntimos porque se llevan dentro, y consisten en la satisfacción por el deber cumplido, por haberse esforzado del todo en hacer bien las cosas, fuesen cuales fuesen los resultados, que eso es harina de otro cantar y ni siquiera depende de la simple voluntad de los protagonistas. Son de los que se describen con aquello de jugar como nunca y perder como siempre. Premios morales, que ofrecen el beneficio de la conciencia relajada pero que al final ni quedan en la historia ni sirven para otra cosa que para poder dormir con tranquilidad, a pierna suelta. Además también ha conseguido otros premios en especie. No tantos como nos gustaría aunque tampoco está tan mal la cosa, siempre que no se estropee ni se fastidie el asunto. Son premios externos, objetivos y contables que, si son suficientes, suponen el éxito, la gloria y casi la felicidad.
          En el partido de ayer ocurrió una de estas circunstancias. La retribución fue en metálico, en incremento de rentas deportivas. Y ocurrió como quien no quiere la cosa, casi sin darse cuenta. Porque el equipo se encontró de pronto en una posición ventajosa que en los últimos tiempos pocas veces ha conocido. Así discurrió todo el acontecimiento: monótono, seguro y como si fuera un trámite. Incluso fue un premio general, que tampoco es bueno ni saludable pasar un par de horas con el ánimo encogido y hace falta en alguna que otra ocasión vivir la realidad relajados y en paz.
         Y no pongamos más inconvenientes: todo fue calmado, con buenas formas y corrección entre los profesionales: ya se conseguirán tres o cuatro goles en algún momento de los tiempos. Lo único que jaleó el ambiente fue el árbitro que castigó a los jugadores, sacándoles no menos de doscientas o trescientas tarjetas y que a los que lean este dato en la crónica les parecerá que debió haber ocho o diez muertos y ni se sabe cuántos heridos graves.  

2 de Febrero de 2004.                          Real Jaén, 2; Marbella, 0.

 75. El muro y las goteras

         En el plano deportivo no acaba de despegar el Real Jaén. Al final, por unas cosas o por otras, parece como si, cuando intentamos progresar hacia arriba, nos saliera al encuentro y se interpusiera en nuestro camino un muro o una pared que nos corta el paso y nos impide continuar adelante, escaparnos de los lugares lúgubres y hoscos de la parte de abajo. Al fin y al cabo la civilización ha determinado que los vencedores estén arriba.
Es una sensación como la que provocan esas películas antiguas, elementales, primarias y normalmente mudas, en las que, cuando el protagonista pretende avanzar un par de pasos, siempre le aparece delante un policía o un negro grande (los negros dirán: un blanco, lo que a la vista de la historia parece darles la razón) que amenaza con la porra o con el cuartelillo. Y no hay manera. Ni aprovechando una distracción ni lanzando un señuelo que lo atraiga. Imposible cruzar la calle para alcanzar la otra acera, la de los privilegiados.
A lo mejor es que la capacidad del equipo es menor que la deseada, por más ilusiones que nos hagamos; o que no fueron seleccionados adecuadamente los fichajes a comienzo de la temporada y se equivocaron quienes los eligieron; o que hay errores en los planteamientos técnicos y tácticos; o que subyace una distorsión sicológica. Y también, por supuesto y esto es seguro, que intervienen en la construcción del muro el capricho y las veleidades de las Parcas, esas tres mujeres de la mitología que mueven la rueca con los hilos que señalan y distinguen a los afortunados de los desdichados.
Habrá que horadar ese tabique como sea. Montando un terraplén, excavando un túnel o, mejor aun, provocando lluvia para que las goteras lo destrocen poco a poco, que es una estrategia inteligente. Y, puesto que aun queda mucha esperanza por medio, entre todos habrá que inventar un nuevo ánimo ya que sólo con un remedio común es posible torcerlas a nuestro favor. Por lo menos que no se pueda decir que nuestros males, como distingue Cervantes, son de culpa, de los que nos causamos a nosotros mismos y no de daño, que vienen de fuera.

9 de Febrero de 2004.                  Écija, 1; Real Jaén, 0.


76. Estar muy contentos

         Es una verdad como un templo, reconocida en todas partes, la afirmación de que el deporte no da la felicidad a los seguidores y espectadores porque a fin de cuentas no cambia la vida ni la realidad. Y asimismo lo es que sin embargo provoca un estado de ánimo acompasado al desarrollo de los acontecimientos, según sean tristes o alegres. Por eso, cuando éstos son rotundamente agradables, entran ganas de dejar las cosas como están, de no tocar ni analizar nada y simplemente disfrutar sin más de lo placentero. Seguir, aunque parezca excesivamente rutilante, aquello de Juan Ramón Jiménez de no le toques más, que así es la rosa.
Porque, como todo el mundo ya debe saber, en el partido del Real Jaén de ayer se batieron un montón marcas agradables y positivas relacionadas con los jugadores, el equipo, el club y hasta el nuevo estadio. Y por supuesto con la actual directiva, que ojalá empiece a ver cómo la gente se acaba animando y se crea una piña en torno al club y al equipo. Si es verdad que al campo de fútbol se va, como mínimo, a pasar un buen rato, ayer éste fue tan bueno y apetecible que pareció demasiado corto. Sobre todo cuando hacía tanto tiempo que no ocurría algo así.
         A pesar de todo, como en los sermones clásicos que solían ser sabios, es interesante acabar con una moraleja, que la vida sigue y no está acabada ni mucho menos la faena. Y es que hay una teoría de un filósofo (que nos viene como anillo al dedo) que asegura que, cuando se hacen pronósticos o vaticinios, optimistas o pesimistas, éstos tienden a cumplirse en mayor medida cuando los protagonistas se sienten implicados en ellos. Se llama la profecía autocumplida y es como cuando decimos, por ejemplo, que algo es un desastre y nos convencemos de tal manera de ello que con nuestra actitud acabamos haciendo que en verdad lo sea. Bueno, pues aquí de lo que se trata ahora es de convencerse en serio de que aun es posible alcanzar la liguilla de promoción aunque sigamos a nueve puntos. Valga un dato: la última vez que se consiguió hace dos años, cuando faltaban dos partidos para acabar la liga, el equipo perdió en Écija y quedó a merced de los resultados ajenos. Y desde Orense llegamos a Segunda A. Después se ascendió. Pues eso.

16 de Febrero de 2004.                  Real Jaén, 4; Betis B, 0.

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77.  Algo es algo

No acaba el equipo del Real Jaén de dar imagen de un colectivo sólido y firme. Tampoco es que se muestre como una sociedad frágil y quebrantada. De ninguna manera. A lo largo de los meses que dura la competición, va dibujando una figura razonablemente consistente que justifica la esperanza de acabar bien las cosas. Poco a poco proyecta mayor seguridad.
Pero, como si le faltara alcanzar el último escalón de un proyecto deportivo consolidado, a la hora de la verdad se le escapa de la mano el acierto y no termina de asomarse al grupo de los mejores ni de los que aspiran por su cercanía a ello. Cada vez más se mueve en el territorio ambiguo de querer y no poder, de ser reconocido como grande en su nivel pero sin que ejerza esa grandeza. Es lo que ha ocurrido con el resultado del partido de ayer, al margen de los avatares internos del juego y las incidencias viajeras de tan regular fortuna. Después del espléndido triunfo del domingo anterior, hubiera sido muy importante adobar una tarea que no sólo le hubiera permitido acercarse un par de puntos sino empezar a proporcionar una presencia pública atractiva que anime al ambiente y contagie de entusiasmo a la gente. No pudo ser.
         Pero algo es algo. Y tampoco las cosas han salido tan mal. Al fin y al cabo las últimas salidas, salvo alguna excepción, empiezan a ser más rentables.
         Decía hace unos meses Edi, un importante payaso del circo Saltimbanco, que al público le gusta que los profesionales cometan errores alguna que otra vez porque ello permite mostrar las dificultades que encierran las actuaciones del espectáculo. Si algo no sale, es cuando se dan cuenta de la complicación de lo que están haciendo. Si lo logras al segundo intento, asegura, aplauden más. Lo que viene a ser algo así como los pasos hacia atrás que ejecuta el deportista para tomar impulso antes de dar el salto de competición. Y, si mantenemos la teoría ya citada en anteriores ocasiones, la de la profecía autocumplida, de la incidencia que tiene el ánimo del protagonista a la hora de conseguir lo que se anuncia que va a suceder, no queda otra opción que ver las cosas con esperanza. Que ésta, dicen, es lo último que se pierde.

23 de Febrero de 2004.                  Universidad de Las Palmas, 1; Real Jaén, 1.